El término “cananeo” se aplica al pueblo que vive en las tierras al extremo este del mar Mediterráneo a partir del año 2000 a.C. En la época de la invasión israelita bajo Josué, Canaán estaba habitada por un gran número de estados independientes. Cada uno de estos estados era una ciudad amurallada, con su propia familia real y su palacio.
Los cananeos que vivían en la costa eran grandes comerciantes (tanto, que el término “cananeo” llegó a significar, en hebreo, “mercader”). Los puertos más importantes eran Tiro, Sidón, Beritus (actual Beirut) y Gebal (a la que los griegos llamaron Biblos). Todos estaban en el actual Líbano. Los barcos de estas regiones llevaban madera de cedro, aceite,vino y otros productos a Egipto, Creta y Grecia (1 R 5.6; Sal 29.5; 92.12).
A Canaán regresaban con lino egipcio y artesanía griega. Biblos era un importante centro de importación de papiro. (Por eso los libros hechos de papiro recibieron el nombre de “biblia”, la misma palabra con la que designamos el libro sagrado de los cristianos.)
La artesanía cananea y fenicia había alcanzado renombre en la época del rey Salomón. Desde el Líbano, por la costa, se envía cedro del Líbano para la construcción del templo de Jerusalén; Hiram, de Tiro, experto trabajador del bronce, ayudó a Salomón en la construcción del Templo (1 R 5; 7.13-47).
Los babilonios y egipcios habían diseñado sistemas de escritura basados en dibujos; los primeros en desarrollar un alfabeto fueron los cananeos. Ellos escogieron un objeto diferente para representar cada consonante y usaban esos trazos para representar sonidos. Así, nosotros decimos “p de puerta”; ellos dirían “el dibujo de una puerta representa la p”. Escogieron cosas conocidas(toro, camello, puerta, mano) para representar las diferentes letras. De allínació el alefato (dealef, “cabeza de toro”, y bet, “una casa”) o alfabeto.
Los israelitas admiraban la destreza de los cananeos; pero se les ordenó no adoptar nunca la religión de estos (Jos 23.6-13). Tristemente, pronto empezaron a adorar a Baal, y ocurrió todo tipo de desastres. Baal era el dios del clima, de la fertilidad y de la guerra.
Una de sus esposas, Astarté, era la diosa del amor y de la guerra. Anat, la más importante de las consortes de Baal (según otros textos), se representaba como una diosa brutal y sanguinaria. Las festividades religiosas cananeas sacaban a la luz lo peor de la naturaleza humana (incluyendo el sacrificio de niños).
anaán (en hebreo: כְּנַעַן, kanaʕan; en árabe کنعان, kanaʕān; en griego Χαναάν, Khanaán) es la denominación antigua de una región del Próximo Oriente, situada entre el mar Mediterráneo y el río Jordán y que abarcaba parte de la franja sirio-fenicia conocida también como el Creciente fértil. En la actualidad se corresponde con el Estado de Israel, la Franja de Gaza y Cisjordania, junto con la zona occidental de Jordania y algunos puntos de Siria y Líbano. Sus límites comprenderían desde la antigua Gaza al Sur, hasta la desembocadura del río Orontes al Norte, englobando todas las tierras no desérticas del interior, hasta una profundidad de unos 150 km desde la costa del mar Mediterráneo, hasta algunos kilómetros más allá de la ribera oriental del río Jordán. anaán (en hebreo: כְּנַעַן, kanaʕan; en árabe کنعان, kanaʕān; en griego Χαναάν, Khanaán) es la denominación antigua de una región del Próximo Oriente, situada entre el mar Mediterráneo y el río Jordán y que abarcaba parte de la franja sirio-fenicia conocida también como el Creciente fértil. En la actualidad se corresponde con el Estado de Israel, la Franja de Gaza y Cisjordania, junto con la zona occidental de Jordania y algunos puntos de Siria y Líbano. Sus límites comprenderían desde la antigua Gaza al Sur, hasta la desembocadura del río Orontes al Norte, englobando todas las tierras no desérticas del interior, hasta una profundidad de unos 150 km desde la costa del mar Mediterráneo, hasta algunos kilómetros más allá de la ribera oriental del río Jordán.
Canaán es una zona con una larga historia, que remonta su ocupación a las fases neolíticas más tempranas, con importantes asentamientos a lo largo del tiempo, como Jericó, Ugarit, Jerusalén, Tiro, Sidón, Biblos, Damasco o Gaza. Fue habitado por pueblos muy diversos, como amorreos, jebuseos, hicsos, filisteos, fenicios, arameos, hebreos que por último, conquistaron a varios de estos pueblos para tomar posesión de esta tierra.
A partir de la primera invasión semita en la región (ca. 3000 a. C.) existe unidad de organización, urbanismo, arte militar, etc., entre todas las ciudades de Canaán y las de la zona montañosa de Judea; su historia es común, con pequeñas vicisitudes peculiares de cada ciudad.
Estos ocupantes parece ser que entraron por el este. Las ciudades que de ellos conocemos, tanto en la zona montañosa como en las llanuras y costas, coinciden en la solidez de sus muros defensivos, como los de `Ay, Tirsah, Jericó, Dotayn, etc.; además son de bastante extensión, lo que indica una población urbana numerosa con toda la complejidad de servicios y el consiguiente desarrollo económico.
En el trazado de las ciudades hay un destacado interés urbanístico: alcantarillados, calles rectas y bien trazadas, armonía de edificios públicos con las viviendas particulares, etc. Esta disposición urbanística es nueva por completo en Canaán y exige una fuerte autoridad interna. Desgraciadamente faltan los documentos escritos que permitan reconstruir la historia durante los casi nueve siglos que duró esta civilización sin variantes.
Parece ser que la principal fuente de riqueza es la agricultura de los campos inmediatos a las ciudades: regadíos, como los de Jericó, o secano bien explotado, como en el caso de `Ay. Pero su posición era estratégica: era un enclave frente al Mediterráneo, y territorio de paso entre las diversas potencias: Egipto; Asiria-Babilonia; los Hititas... Esto propició una nueva fuente de riqueza: el comercio.
Las destrucciones totales de las ciudades hablan de las conquistas guerreras de las mismas. Aun así, las destrucciones no suelen ser totales, y los mismos pobladores rehacen las partes dañadas de las ciudades al desaparecer el peligro que las aquejaba.
Poco antes de finalizar el tercer milenio, una nueva incursión de gentes de vida nómada, al menos aparentemente, destruye casi por completo las ciudades de la zona montañosa, aunque las del llano, menos conocidas, puede que no sufrieran tanto, especialmente las bien conocidas de Fenicia, como Biblos. Ordinariamente se considera amorreos a los nuevos invasores.
Los descendientes de los pobladores de las antiguas ciudades, muy mermados en su número, pronto volvieron a reconstruir las antiguas ciudades de la zona montañosa, en menor tamaño, con otras técnicas defensivas y sin tanta atención urbanística.
Según la Biblia (y sin que haya respaldo científico del dato) este pueblo descendía del cuarto hijo de Cam, el más joven hijo de Noé (Génesis 10:16). Grupos de ellos moraban en Hazezontamar, o En-gadí, al oeste del mar Muerto, y fueron atacados por Quedorlaomer en los días de Abraham (Génesis 14:7). En aquel entonces, la iniquidad de los amorreos no había llegado aún a su colmo (Génesis 15:16, 21). Siendo la tribu más dominante y la gente más corrompida, algunas veces, los amorreos son tomados como representantes de los cananeos en general (Génesis 15:16; 1 Reyes 21:26).
Los documentos egipcios ya hablan de expediciones guerreras en Canaán, aún no conocida por este nombre; entre estas expediciones hay que destacar la de Sesostris III (ca. 1850 a. C.).
Durante los siglos XVII y XVI a.C. los hicsos dominaron Egipto, y controlaban también a Canaán; hasta se han hallado en los estratos correspondientes a su ocupación más escarabeos y cerámica suya que en las propias ciudades egipcias. Con los hicsos se introducen, por razones militares, nuevas técnicas en las ciudades; los muros, que ya no eran tan sólidos como en la época anterior, se refuerzan con los característicos glacis hicsos, y las puertas son de tenaza.
La opresión de los más poderosos sobre las mayorías se hace notar: es apreciable una mayor diferencia entre las viviendas de los nobles y las de los semi-siervos que las rodean. Con la decadencia de los hicsos coincide la llegada de una nueva oleada de pobladores, esta vez del norte y de origen indoeuropeo: los hurritas.
Los hurritas llegarán a establecerse de tal forma en Canaán, que en los documentos egipcios de la época pasa a llamarse Huru, país de los hurritas. El comercio florece y no sólo de productos manufacturados, sino especialmente de materia prima para la industria artesana: los colorantes para la cerámica, los minerales metálicos traídos desde muy lejos; pero el bronce es usado principalmente para fines bélicos: armas y armaduras.
La prosperidad económica y el incremento de la población a lo largo de este periodo (1750-1550 a. C.) es patente en las excavaciones de los estratos correspondientes. Y dado que el comercio es el motor de esa bonanza, se hacen más numerosas las ciudades. Algunas surgen totalmente de nuevo, otras se repueblan.
El dominio hurrita fue desmontado en Canaán por los grandes faraones egipcios del Imperio Nuevo. Tutmosis III, ya en el siglo XV a. C., invadió triunfalmente Canaán por el camino del mar, ocupando Yajó (Joppe), Lidda, Gézer, Megiddo y Ta'ának, convirtiendo en feudatarias a todas las ciudades.
Pero otro imperio surge al norte, en Anatolia: los hititas, que saldrán al encuentro de los egipcios y aprovecharán cualquier debilidad del poder faraónico para llevar su influencia hacia el sur, estableciendo cabezas de puente incluso en Canaán y la parte montañosa de Judea. Cuando decaen los imperios, las rencillas entre los nobles cananeos y unos grupos misteriosos de hombres armados, los hapiru, impiden la paz: decae la cultura y reina el miedo. Se compra lo que la falta de paz no permite fabricar, aumentando las importaciones, incluso de cerámica. Canaán en escritura jeroglífica, transliterado k3nˁnˁ, grabado en la Estela de Merenptah, siglo XIII a. C.
La descripción de Canaán en las cartas de Amarna, archivo de estado de Ajenatón (Amenofis IV), no puede ser más desoladora: la anarquía se apodera de Canaán en el siglo XIV a. C.. Los faraones de la dinastía XIX, a fines del siglo y principios del siguiente, intentan restablecer el dominio del vital paso de Canaán, pero el neo-imperio hitita les sale al paso hasta que Ramsés II consigue un tratado de paz perpetua, tras la batalla de Qadesh, con la delimitación de las mutuas esferas de influencia: el actual Nahar al-Kalb, río que desemboca entre Biblos y Beirut, separará las regiones dominadas por los hititas, al norte, de las feudatarias de Egipto, al sur; queda por tanto Canaán bajo la dominación faraónica una vez más. Pero este acuerdo había de durar poco por la decadencia respectiva de ambos imperios, que no tardó en llegar (ca. 1250 a.C.).
Nuevos invasores se presentan en Canaán: los "Pueblos del Mar" desembarcan en las costas y con sus armas de hierro, una vez deshecho el monopolio hitita al derrumbarse el imperio de Jattusas (Bogazköy), se adueñan de la costa de Canaán. Los estudiosos de la biblia del siglo XIX identificaron la tierra de los filisteos (Filistea o Plesheth, con el significado hebreo de "invasores")[5] con Palastu y Pilista de las inscripciones asirias, según el diccionario de la Biblia de Easton (1897). Otros grupos además de los filisteos eran los tjekker, dananeos y shardana; el contraataque de Ramsés III destruyó la mayoría de los sitios cananeos. El mismo faraón permitió más adelante a los filisteos y tjekker, y posiblemente también a los dananeos, reconstruir las ciudades del camino costero.
Los filisteos pronto adquirieron las costumbres de los habitantes locales. En su búsqueda de riquezas, no dudaban en disputarle el dominio de los territorios al norte de Judá a los hebreos. Se transformaron en una amenaza para Israel (1ª Sam 9:16).
Las cinco ciudades filisteas principales eran Gaza, Ashdod, Ekron, Gath, y Ascalón. Los israelitas logran con el tiempo dominar todo el territorio, aunque precisamente el antiguo Canaán, la zona costera, será lo último en caer en sus manos. Con esta victoria finaliza la historia de antiguo Canaán.
Las tribus hebreas iniciaron la conquista de Canaán hacia 1400 a. C. Fue un proceso lento, que duró varios decenios, y en el que los cananeos fueron finalmente expulsados o bien se fundieron en muchos casos con las tribus israelitas, lo que dejó una impronta cananea en éstas. La Biblia hebrea identifica a Canaán con el Líbano (principalmente con la ciudad de Sidón) pero extiende la denominación «Tierra de Canaán» hacia el sur, a través de Gaza hasta el «Río de Egipto» y hacia el Este hasta el Valle del Jordán, todo lo cual coincide con la «Tierra Prometida» de los judíos.
Los hebreos crearon una genealogía para los pueblos cananeos: según la Biblia, los cananeos eran los descendientes de Canaán, hijo de Cam.
No haréis como hacen en la tierra de Egipto, en la cual morásteis; tampoco haréis como hacen en la tierra de Canaán, a la cual os llevo. Levítico 18:3.
Jacob y sus descendientes (israelitas) se caracterizarían por luchar contra aquellos ídolos y por lo tanto adorar al dios único Yahvé. Entre los hebreos, decir "Raza de Canaán" era equivalente a un insulto (Daniel 13:56). Durante siglos, el pueblo de Israel lucharía contra la idolatría (los dioses del materialismo como El, Baal, Asera...).
Aunque con altibajos, sus líderes y el pueblo todo pudieron conformar una sociedad que vivía según los preceptos del dios Yahvé. Esto finalmente lo consiguieron durante los reinados de David y Salomón. Precisamente Salomón (a los cananeos) los hizo tributarios (1 Reyes 9:20, 21; 2 Crónicas 8:7, 8). Entonces muchos cananeos se habrían refugiado en Tiro y más tarde habrían emigrado a las colonias fenicias situadas en el norte de África.
Pero algunos siglos después de esa etapa salomónica, los reyes de Israel (como Acab), se comportaban «de manera abominable, yendo tras los ídolos, conforme a todo lo que hicieron los amorreos [cananeos], a los cuales expulsó Yahvé ante los hijos de Israel» (1 Reyes 21:25,26).
Ya en la época de dominio persa, el nombre de «cananeo» pasó a designar al «fenicio de Tiro», como sinónimo de ‘negociante’ o ‘mercader’